sábado, 9 de septiembre de 2017

La catedral de México

Tres años después de la conquista del Imperio Azteca, en 1523, Hernán Cortés ordenó levantar una iglesia en Tenochtitlán con materiales de los templos aztecas. Tras cada conquista de cualquier territorio, los españoles construían iglesias en el centro de las ciudades.En el año 1530 ya actuaba como catedral, dada la influencia en América central de la Nueva España. El reconocimiento formal vino con esa bula pontificia. No obstante, no era la primera catedral del Nuevo Mundo, pero sí la primera que se construyó en suelo continental.


En 1547 fue elevada a metropolitana por el papa Paulo III que se convertía en centro espiritual de la América hispana. Tras el crecimiento del lugar sagrado, se veía que su tamaño era pequeño para su función, por lo que Felipe II en 1552 ordenó que derribaran la mayor parte de su estructura donde se iba a edificar la nueva catedral, que es la que hoy permanece en pie. Es considerada uno de los más importantes monumentos del continente americano y está dedicada a la Asunción de la Virgen María.

La Catedral de Ciudad de México es un templo de 128 metros de largo por 59 de ancho y con 60 metros de altura hasta la cúpula, cinco naves y dieciséis capillas laterales. La fachada final, de corte neoclásico, se debe al arquitecto americano José Damián Ortiz de Castro.


La Catedral de México representa, como las demás catedrales de América, la continuación de la serie magnífica de catedrales españolas. Su parentesco no es simplemente el que implica una semejanza de conjunto. Viene de más hondas raíces: al ser construida, sus autores tuvieron presentes las catedrales españolas que habían sido edificadas antes, la de Santo Domingo en 1512 y la de Lima en 1536. La idea primordial fue construir una catedral semejante a la de Sevilla y aun parece que el templo fue trazado así, pero tan loca ambición por grandiosa, era desproporcionado: el arzobispo Montúfar hubo de contentarse con edificar un templo semejante a la catedral nueva de Salamanca o la de Segovia. Su estructura es muy parecida a la de estos últimos templos, pero también influyó no poco la de Jaén.

Fuentes:


Almanaque de la historia de España. Tal día como hoy. José Javier Esparza.
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viernes, 8 de septiembre de 2017

Francisco de Quevedo

(Madrid, 1580 - Villanueva de los Infantes, España, 1645) Escritor español. Los padres de Francisco de Quevedo desempeñaban altos cargos en la corte, por lo que desde su infancia estuvo en contacto con el ambiente político y cortesano. Estudió en el colegio imperial de los jesuitas, y, posteriormente, en las Universidades de Alcalá de Henares y de Valladolid, ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y se hizo famosa su rivalidad con Góngora.


Siguiendo a la corte, en 1606 se instaló en Madrid, donde continuó los estudios de teología e inició su relación con el duque de Osuna, a quien Francisco de Quevedo dedicó sus traducciones de Anacreonte, autor hasta entonces nunca vertido al español. En 1613 Quevedo acompañó al duque a Sicilia como secretario de Estado, y participó como agente secreto en peligrosas intrigas diplomáticas entre las repúblicas italianas.

De regreso en España, en 1616 recibió el hábito de caballero de la Orden de Santiago. Acusado, parece que falsamente, de haber participado en la conjuración de Venecia, sufrió una circunstancial caída en desgracia, a la par, y como consecuencia, de la caída del duque de Osuna (1620); detenido, fue condenado a la pena de destierro en su posesión de Torre de Juan Abad (Ciudad Real).

Sin embargo, pronto recobró la confianza real con la ascensión al poder del conde-duque de Olivares, quien se convirtió en su protector y le distinguió con el título honorífico de secretario real. Pese a ello, Quevedo volvió a poner en peligro su estatus político al mantener su oposición a la elección de Santa Teresa como patrona de España en favor de Santiago Apóstol, a pesar de las recomendaciones del conde-duque de Olivares de que no se manifestara, lo cual le valió, en 1628, un nuevo destierro, esta vez en el convento de San Marcos de León.

Pero no tardó en volver a la corte y continuar con su actividad política, con vistas a la cual se casó, en 1634, con Esperanza de Mendoza, una viuda que era del agrado de la esposa de Olivares y de quien se separó poco tiempo después. Problemas de corrupción en el entorno del conde-duque provocaron que éste empezara a desconfiar de Quevedo, y en 1639, bajo oscuras acusaciones, fue encarcelado en el convento de San Marcos, donde permaneció, en una minúscula celda, hasta 1643. Cuando salió en libertad, ya con la salud muy quebrantada, se retiró definitivamente a Torre de Juan Abad.

Como literato, Quevedo cultivó todos los géneros literarios de su época. Se dedicó a la poesía desde muy joven, y escribió sonetos satíricos y burlescos, a la vez que graves poemas en los que expuso su pensamiento, típico del Barroco. Sus mejores poemas muestran la desilusión y la melancolía frente al tiempo y la muerte, puntos centrales de su reflexión poética y bajo la sombra de los cuales pensó el amor.
A la profundidad de las reflexiones y la complejidad conceptual de sus imágenes, se une una expresión directa, a menudo coloquial, que imprime una gran modernidad a la obra. Adoptó una convencida y agresiva postura de rechazo del gongorismo, que le llevó a publicar agrios escritos en que satirizaba a su rival, como la Aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día(1631). Su obra poética, publicada póstumamente en dos volúmenes, tuvo un gran éxito ya en vida del autor, especialmente sus letrillas y romances, divulgados entre el pueblo por los juglares y que supuso su inclusión, como poeta anónimo, en la Segunda parte del Romancero general (1605).
En prosa, la producción de Francisco de Quevedo es también variada y extensa, y le reportó importantes éxitos. Escribió desde tratados políticos hasta obras ascéticas y de carácter filosófico y moral; una de sus mejores obras es La cuna y la sepultura (1634), un tratado moral de fuerte influencia estoica, a imitación de Séneca.
Sobresalió con la novela picaresca Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, obra ingeniosa y de un humor corrosivo, impecable en el aspecto estilístico, escrita durante su juventud y desde entonces publicada clandestinamente hasta su edición definitiva. Más que su originalidad como pensador, destaca su total dominio y virtuosismo en el uso de la lengua castellana, en todos sus registros, campo en el que sería difícil encontrarle un competidor.


viernes, 11 de agosto de 2017

Farnesio, Bolduque, el cáliz de oro y 80 vacas

Nos encontramos en Empel y los soldados españoles ven algo de esperanza al congelarse las aguas que rodeaban su situación. Los rebeldes al ver lo que les venía encima huyeron hacia el río Mosa que no se había helado. Bobadilla aprovechó que algunos fuertes levantados en isletas por los rebeldes estaban desguarnecidos y mandó ocuparlos con varias pleytas llenas de tropa.



Al estar a varios metros del lugar, los enemigos creyeron que los españoles eran miles y huyeron para reunirse con el resto de la armada holandesa. Tras quedar el islote sin resistencia, los españoles ocuparon el lugar y con ello asegurar un punto estratégico que le aseguraban un buen apoyo para evacuar a la tropa a Bolduque.

Gracias a esta última acción los españoles pudieron abandonar la isleta con los enfermos y heridos a la cabeza  con destino a Bolduque, que coincidiendo con la llegada del socorro del conde Carlos de Mansfeld, desató la alegría del bando español.

Una vez que los tercios estuvieron a salvo de la encerrona de Bommel, recibieron el agasajo de los habitantes de Bolduque, que curaron a los enfermos y banquetearon a los sanos ofreciéndoles pan, queso y cerveza. 

Farnesio que días antes marchó de Bruselas a Bolduque tras enterarse de la situación tan grave de Empel, conoció el favorable desenlace que tuvo aquella empresa para los españoles al llegar a la villa de Arentales escribiendo una carta, muestra del espíritu caballeresco que caracterizaba al gran jefe, que provocó la estimación de todos los capitanes y soldados españoles.


Además, Farnesio ordenó entregar a la ciudad de Bolduque, en nombre del monarca Felipe II, un cáliz de oro y 80 vacas como muestra de agradecimiento por curar a los heridos y dar de comer a los tercios españoles.

Fuente: - PISANDO FUERTE: LOS TERCIOS DE ESPAÑA Y EL CAMINO ESPAÑOL.Fernando Martínez Laínez.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Batalla de Pavía, por Augusto Ferrer-Dalmau




La elección de San Quintín y la correspondencia entre el duque de Saboya y Felipe II

En la campaña de San Quintín tenemos dos protagonistas principales: uno de ellos es el duque de Saboya y el rey Felipe II.


Felipe II

Ambos protagonistas estaban ampliamente distanciados. El duque andaba en la boca del lobo, esperando respuesta del Consejo para tomar algún plan estratégico en alguna ciudad francesa, mientras Felipe II no quería que el duque hiciese nada sin antes consultarlo con él. Era la primera guerra del nuevo monarca y quería ser clave en el desenlace y convertirse en otro "rey-soldado".

Se parte de la idea de que Felipe II fue el artífice de las grandes decisiones estratégicas de la elección de San Quintín. 

Saboya desde un primer momento a finales de junio tiene claro que el objetivo tiene que ser la plaza de San Quintín por sus condiciones idóneas para un asedio. El 21 de julio el duque de Saboya envía la siguiente carta a Felipe II:

"Así hemos determinado de partir el viernes pidiendo adiós tomando mi camino según la resolución de vuestra majestad [...] mucho convendría que vuestra majestad determinase la empresa que quiere hacer para que conforme a ello se encaminase todo, y más si ha de ser San Quintín yo lo podría ya cercarlo en la parte del río haciendo el mismo camino que hago y vuestra majestad con la otra gente podría venir por esta otra parte y así podría ser que con poca gente dentro que tiene y estando en Cambresi (Cambray) algunos días tendría tiempo para poder meter cuanta gente dentro quisiera.

Y si vuestra majestad quisiese hacer esto sería menester que yo me anduviese detenido hasta que vuestra majestad tuviese la otra gente de manera que un día después de yo llegado vos llegasen y de esta manera podría ser que saliese muy presto con la empresa, porque el detenerse en el chato Cambresi es darles a entender que se quiere darles por aquella parte y más ahora que tienen por muy cierto que les daremos por esta parte habiendo hecho bien vituallas junto a Metz, [...] y estando ellos allí y la otra gente alrededor diréis primero llegaré yo a San Quintín y la persona que para esto vuestra majestad se determinase y me mande lo que fuere servido que eso hare al pie de la letra".


Asedio de San Quintín

El consejo había meditado que el orden para conquistar, que eran las que aportaban un mayor impacto, sería primer Rocroy o Peronne, y después San Quintín.

Es entonces cuando el duque de Saboya toma cartas en el asunto y el 24 de julio, viendo lo que se avecina que no sería nada bueno, escribe una carta dando una verdadera lección en el dominio del arte de la guerra que demostraba un gran conocimiento geográfico de la zona ocupada:

"No lo he querido comunicar más que con otro que con Mos de Glajón para que la cosa vaya más secreta, y así nos parece por ser breve que no haciéndose la empresa de Rocroy y me dijeres que no tiene vuestra majestad otra empresa digna de su persona sino San Quintín o Perona donde más daño puede hacer a su enemigo, que la una es grande y flaca pero se puede hacer fuerte poniendo mucha gente dentro y tiene a Chatelet que daría el gran estorbo a las vituallas, la otra es pequeña y más fuerte pero tiene gran comodidad para todo el campo que estuviera sobre ella.

Teniendo a la persona tan cerca del campo del rey de Francia, si quiere presentar la batalla a vuestra majestad tanta comodidad tiene en la una como en la otra y así vuestra majestad podrá escoger cuál de las dos querrá combatir que no puede hacer mala elección y este es nuestro parecer y conforme a lo que escribí ayer no me parece que he de partir a Chato Chambresi sino que se pida la resolución de vuestra majestad que siga mi camino a ponerme sobre el lugar que vuestra majestad hubiera escogido".


Manuel Filiberto de Saboya (Duque de Saboya)

Ciertamente, las tres poblaciones candidatas al asedio estaban en boca de todos los del consejo en Bruselas, incluido Saboya, que tenía la última palabra porque era el que verdaderamente cómo conducir una operación militar, estando allí además, encima del lugar. 

Estas cartas reflejan cómo el duque de Saboya convenció a todo el consejo de Bruselas y a Felipe II para la elección de San Quintín para cercarla en agosto de 1557.


Fuente: Felipe II y el éxito de San Quintín. José A. Rebullida.

martes, 8 de agosto de 2017

La ropa acuchillada no es una moda de ahora




Uno de los aspectos que distinguen la aparición de la moda en el vestir en los siglos XIV y XV, es la aparición en el traje de elementos que responden solamente a la fantasía y no a las necesidades. Como por ejemplo, surgen nuevas decorativas en el traje: la gayadura, el festoneado, el enguatado y el acuchillado. En el último caso, nos vamos a centrar en esta entrada y es que cuando hoy día vemos a los jóvenes y no tan jóvenes con sus pantalones y camisetas rajadas tendemos a pensar que es una moda de este siglo, pero no...

El traje acuchillado tiene su origen en los soldados Esguizaros (suizos), cuando al desnudar a los borgoñones vencidos del duque Carlos el Calvo en la Batalla de Grandson (1476) se colaron sus prendas. Al ver que les estaban pequeñas, las acuchillaron para que entraran mejor en sus cuerpos y, así, presumir de vestir ropa del enemigo vencido.



Esta técnica decorativa está basada en realizar cortes a las prendas, dejando ver la prenda interior o el forro de la parte “acuchillada”. Hasta finales del siglo XV, estas cuchilladas eran amplias, con el nuevo siglo, se realizan los cortes cada vez más pequeños, aumentando la cantidad de ellos en cada prenda.

Tal moda se extendió por todo el continente europeo gustando a unos y molestando a otros. En el Sacro Imperio, el emperador Maximiliano I la permitió, pero en algunos centros, como la universidad de Tubinga, no permitieron que sus estudiantes vistieran ropa acuchillada. En España, en las Cortes de 1548, hubo rechazo también. 

Fuentes:

- PISANDO FUERTE: LOS TERCIOS DE ESPAÑA Y EL CAMINO ESPAÑOL.Fernando Martínez Laínez.