viernes, 11 de agosto de 2017

Farnesio, Bolduque, el cáliz de oro y 80 vacas

Nos encontramos en Empel y los soldados españoles ven algo de esperanza al congelarse las aguas que rodeaban su situación. Los rebeldes al ver lo que les venía encima huyeron hacia el río Mosa que no se había helado. Bobadilla aprovechó que algunos fuertes levantados en isletas por los rebeldes estaban desguarnecidos y mandó ocuparlos con varias pleytas llenas de tropa.



Al estar a varios metros del lugar, los enemigos creyeron que los españoles eran miles y huyeron para reunirse con el resto de la armada holandesa. Tras quedar el islote sin resistencia, los españoles ocuparon el lugar y con ello asegurar un punto estratégico que le aseguraban un buen apoyo para evacuar a la tropa a Bolduque.

Gracias a esta última acción los españoles pudieron abandonar la isleta con los enfermos y heridos a la cabeza  con destino a Bolduque, que coincidiendo con la llegada del socorro del conde Carlos de Mansfeld, desató la alegría del bando español.

Una vez que los tercios estuvieron a salvo de la encerrona de Bommel, recibieron el agasajo de los habitantes de Bolduque, que curaron a los enfermos y banquetearon a los sanos ofreciéndoles pan, queso y cerveza. 

Farnesio que días antes marchó de Bruselas a Bolduque tras enterarse de la situación tan grave de Empel, conoció el favorable desenlace que tuvo aquella empresa para los españoles al llegar a la villa de Arentales escribiendo una carta, muestra del espíritu caballeresco que caracterizaba al gran jefe, que provocó la estimación de todos los capitanes y soldados españoles.


Además, Farnesio ordenó entregar a la ciudad de Bolduque, en nombre del monarca Felipe II, un cáliz de oro y 80 vacas como muestra de agradecimiento por curar a los heridos y dar de comer a los tercios españoles.

Fuente: - PISANDO FUERTE: LOS TERCIOS DE ESPAÑA Y EL CAMINO ESPAÑOL.Fernando Martínez Laínez.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Batalla de Pavía, por Augusto Ferrer-Dalmau




La elección de San Quintín y la correspondencia entre el duque de Saboya y Felipe II

En la campaña de San Quintín tenemos dos protagonistas principales: uno de ellos es el duque de Saboya y el rey Felipe II.


Felipe II

Ambos protagonistas estaban ampliamente distanciados. El duque andaba en la boca del lobo, esperando respuesta del Consejo para tomar algún plan estratégico en alguna ciudad francesa, mientras Felipe II no quería que el duque hiciese nada sin antes consultarlo con él. Era la primera guerra del nuevo monarca y quería ser clave en el desenlace y convertirse en otro "rey-soldado".

Se parte de la idea de que Felipe II fue el artífice de las grandes decisiones estratégicas de la elección de San Quintín. 

Saboya desde un primer momento a finales de junio tiene claro que el objetivo tiene que ser la plaza de San Quintín por sus condiciones idóneas para un asedio. El 21 de julio el duque de Saboya envía la siguiente carta a Felipe II:

"Así hemos determinado de partir el viernes pidiendo adiós tomando mi camino según la resolución de vuestra majestad [...] mucho convendría que vuestra majestad determinase la empresa que quiere hacer para que conforme a ello se encaminase todo, y más si ha de ser San Quintín yo lo podría ya cercarlo en la parte del río haciendo el mismo camino que hago y vuestra majestad con la otra gente podría venir por esta otra parte y así podría ser que con poca gente dentro que tiene y estando en Cambresi (Cambray) algunos días tendría tiempo para poder meter cuanta gente dentro quisiera.

Y si vuestra majestad quisiese hacer esto sería menester que yo me anduviese detenido hasta que vuestra majestad tuviese la otra gente de manera que un día después de yo llegado vos llegasen y de esta manera podría ser que saliese muy presto con la empresa, porque el detenerse en el chato Cambresi es darles a entender que se quiere darles por aquella parte y más ahora que tienen por muy cierto que les daremos por esta parte habiendo hecho bien vituallas junto a Metz, [...] y estando ellos allí y la otra gente alrededor diréis primero llegaré yo a San Quintín y la persona que para esto vuestra majestad se determinase y me mande lo que fuere servido que eso hare al pie de la letra".


Asedio de San Quintín

El consejo había meditado que el orden para conquistar, que eran las que aportaban un mayor impacto, sería primer Rocroy o Peronne, y después San Quintín.

Es entonces cuando el duque de Saboya toma cartas en el asunto y el 24 de julio, viendo lo que se avecina que no sería nada bueno, escribe una carta dando una verdadera lección en el dominio del arte de la guerra que demostraba un gran conocimiento geográfico de la zona ocupada:

"No lo he querido comunicar más que con otro que con Mos de Glajón para que la cosa vaya más secreta, y así nos parece por ser breve que no haciéndose la empresa de Rocroy y me dijeres que no tiene vuestra majestad otra empresa digna de su persona sino San Quintín o Perona donde más daño puede hacer a su enemigo, que la una es grande y flaca pero se puede hacer fuerte poniendo mucha gente dentro y tiene a Chatelet que daría el gran estorbo a las vituallas, la otra es pequeña y más fuerte pero tiene gran comodidad para todo el campo que estuviera sobre ella.

Teniendo a la persona tan cerca del campo del rey de Francia, si quiere presentar la batalla a vuestra majestad tanta comodidad tiene en la una como en la otra y así vuestra majestad podrá escoger cuál de las dos querrá combatir que no puede hacer mala elección y este es nuestro parecer y conforme a lo que escribí ayer no me parece que he de partir a Chato Chambresi sino que se pida la resolución de vuestra majestad que siga mi camino a ponerme sobre el lugar que vuestra majestad hubiera escogido".


Manuel Filiberto de Saboya (Duque de Saboya)

Ciertamente, las tres poblaciones candidatas al asedio estaban en boca de todos los del consejo en Bruselas, incluido Saboya, que tenía la última palabra porque era el que verdaderamente cómo conducir una operación militar, estando allí además, encima del lugar. 

Estas cartas reflejan cómo el duque de Saboya convenció a todo el consejo de Bruselas y a Felipe II para la elección de San Quintín para cercarla en agosto de 1557.


Fuente: Felipe II y el éxito de San Quintín. José A. Rebullida.

martes, 8 de agosto de 2017

La ropa acuchillada no es una moda de ahora




Uno de los aspectos que distinguen la aparición de la moda en el vestir en los siglos XIV y XV, es la aparición en el traje de elementos que responden solamente a la fantasía y no a las necesidades. Como por ejemplo, surgen nuevas decorativas en el traje: la gayadura, el festoneado, el enguatado y el acuchillado. En el último caso, nos vamos a centrar en esta entrada y es que cuando hoy día vemos a los jóvenes y no tan jóvenes con sus pantalones y camisetas rajadas tendemos a pensar que es una moda de este siglo, pero no...

El traje acuchillado tiene su origen en los soldados Esguizaros (suizos), cuando al desnudar a los borgoñones vencidos del duque Carlos el Calvo en la Batalla de Grandson (1476) se colaron sus prendas. Al ver que les estaban pequeñas, las acuchillaron para que entraran mejor en sus cuerpos y, así, presumir de vestir ropa del enemigo vencido.



Esta técnica decorativa está basada en realizar cortes a las prendas, dejando ver la prenda interior o el forro de la parte “acuchillada”. Hasta finales del siglo XV, estas cuchilladas eran amplias, con el nuevo siglo, se realizan los cortes cada vez más pequeños, aumentando la cantidad de ellos en cada prenda.

Tal moda se extendió por todo el continente europeo gustando a unos y molestando a otros. En el Sacro Imperio, el emperador Maximiliano I la permitió, pero en algunos centros, como la universidad de Tubinga, no permitieron que sus estudiantes vistieran ropa acuchillada. En España, en las Cortes de 1548, hubo rechazo también. 

Fuentes:

- PISANDO FUERTE: LOS TERCIOS DE ESPAÑA Y EL CAMINO ESPAÑOL.Fernando Martínez Laínez.





miércoles, 1 de marzo de 2017

Asedio de Tarento

El asedio de Tarento tuvo lugar entre el 28 de octubre de 1501 y el 1 de marzo de 1502 durante el transcurso de la segunda guerra de Nápoles. Las tropas españolas bajo el mando del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba sitiaron la ciudad, donde se encontraba el joven príncipe napolitano Fernando de Aragón, hasta su rendición.

En 1500 Luis XII de Francia y Fernando el Católico firmaron el tratado de Granada, por el que ambos acordaban repartirse a partes iguales el reino de Nápoles, todavía bajo el reinado de Federico I. En cumplimiento de este acuerdo, en julio de 1501 el ejército francés de Bérault Stuart d'Aubigny invadió el reino desde el norte reduciendo Capua y Nápoles, mientras las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba (600 soldados de caballería y 3.800 de infantería), llegando desde Sicilia, ocupaban Calabria y Apulia en el sur sin encontrar resistencia más que en Manfredonia y Tarento.


La ciudad de Tarento se encontraba en una isla; daba al sur con el golfo de Tarento en el Mediterráneo y al norte con un mar interior llamado el mare piccolo. Dos puentes, uno al este y otro al oeste, la comunicaban con el continente. La ciudad, gobernada por Leonardo Alejo, había sido abundantemente avituallada en previsión del asedio.

Fernández de Córdoba dispuso sus tropas rodeando Tarento, mientras la armada española de Juan de Lezcano patrullaba la costa sur italiana en su apoyo; los puentes que daban acceso a la ciudad fueron bloqueados por las fuerzas españolas. Entrados en parlamento, Fernández de Córdoba y Fernando de Aragón acordaron una tregua de dos meses en espera de que el depuesto rey de Nápoles hiciera llegar sus instrucciones a su hijo; hasta entonces pactaron que las fuerzas españolas no iniciarían las hostilidades, y las napolitanas no reforzarían sus defensas ni recibirían socorros. En garantía del cumplimiento de la tregua ambas partes se intercambiaron rehenes.


Fue aquel cerco el más largo de cuantos se han visto en Italia, según era perezoso y reposado.

Sucedió por aquellas fechas que Felipe de Ravenstein al mando de la armada francesa naufragó frente a las costas de Calabria tras ser rechazado por los turcos en Mitilene. Fernández de Córdoba mandó socorrerle generosamente, lo que provocó que las tropas españolas, mal pagadas y hastiadas de la inactividad de un asedio tan lento, se amotinasen; Córdoba reprimió la rebelión con la ejecución del cabecilla de los sublevados.5 Poco después ordenaría requisar una nao genovesa que llevaba hierro a los turcos por valor de 100.000 ducados,6 con lo que pagó las soldadas atrasadas de sus tropas.

Las autoridades de Tarento fueron sondeadas por el militar francés Yves d'Alègre para que entregasen la ciudad a los franceses.

Pasados los dos meses sin que los tarentinos hubieran recibido respuesta de Federico I, se renovó la tregua por dos meses más. Con el fin de acometer la toma de la ciudad, Fernández de Córdoba dispuso que 20 de las naves más pequeñas de la armada española fueran transportadas por tierra hasta el mar interior, lo que los soldados españoles llevaron a cabo «con grande fiesta y regocijo... aunque a la verdad aquel negocio era más terrible y espantoso en apariencia que por daño que les pudiesen hacer».

A finales de enero de 1502, sin haber conseguido establecer comunicación con el rey Federico I, los tarentinos pactaron la entrega de la ciudad, que quedó provisionalmente bajo la administración de Bindo de Ptolomeis, vasallo del rey de España. El 1 de marzo las tropas españolas ocuparon Tarento.

Con la rendición de Tarento y con la toma de Manfredonia ocurrida pocos días después se completó la ocupación de la mitad sur del reino de Nápoles por las fuerzas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba; todo Calabria y Apulia quedaron bajo su control. Fernando de Aragón, cuya libertad fue garantizada por Fernández de Córdoba en las capitulaciones de Tarento, sería poco después detenido y enviado a España como prisionero, aunque años después sería rehabilitado por Carlos I de España, llegando a ocupar el virreinato de Valencia.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Asedio_de_Tarento


lunes, 27 de febrero de 2017

Peones & Damas


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Esta primera entrega de la saga ‘El Siglo de Acero’, llevará a sus protagonistas: los eternos camaradas Martín de la Vega y Afonso Duarte “el portugués”, soldados de los renombrados tercios españoles, a la brillante y convulsa Italia del siglo XVI. Allí cruzarán sus destinos con varios personajes de distinta condición, como un mercenario veneciano, un poderoso duque, una joven dama española y un astuto mercader sin escrúpulos, y vivirán una aventura entre los azules del mar y del cielo, a sangre y fuego; entre corsarios y piratas turcos, soldados y bandidos. Lobos y ovejas jugando en ese patio trasero de potencias ribereñas que era el Mediterráneo.

Batallas, abordajes, intrigas, duelos y demás peligros transcurrirán en una agitada trama donde cada uno de los protagonistas buscará su propio beneficio, valiéndose del ingenio o la espada para acabar con sus rivales.